
la tarde en alborada que está anunciando un adios,
unas manos que se sueltan y nuestros dedos
que nunca estuvieron tan tristes de estar solos.
Dos plabras que te corresponden hablando por los dos,
tu mirada que me evita, unos pasos que se alejan y mi voz,
que se rompe en el silencio dejando lluvia tras mis pasos.
Tus recuerdos y el sonido de mi roto corazón,
este amor que terminó, en aquella despedida y el final,
el frío a mi alrededor, la falta de tu abrazo y algo
que me dice que esta vez es para siempre y mi dolor.
Mi piel que se volvió de piedra y yo estupefacto
que no atino a reaccionar sólo te dejo marchar,
y miro mis manos solas, con tu regalo en una de ellas...
Tu cuerpo que se esfuma, las locas ideas del error,
la lluvia que acompaña a mi dolor mientras se condensa,
el sentimiento destrozado, y la pregunta
que aún flota en el gris otoño, de si algún día volveras.